Esto es el portfolio para la PAP de ESCAC, en la convocatoria del 27 de abril de 2019.
Ya empiezo mal, porque he puesto más de 600 palabras en el statement. Espero que no os importe.
1.Érase una vez, en un pueblo de la comarca de Huffle, un buscador de historias. El chico, que toda su vida había estado esperando por la oportunidad que le permitiese encontrar las mejores historias y así poder contarlas, era un hacha con ese tipo de cosas. Desde ya muy pequeño, el chiquitín había descubierto un montón de historias escondidas donde él menos se esperaba: su cabeza. Cuando se enteró de que ese lugar tan misterioso existía, se asomó dentro para ver lo que había. Fue lo mejor que pudo haber hecho en toda su vida. Descubrió infinitud de historias e ideas ahí encerradas, deseando ser liberadas y reveladas al mundo. Dicen que lo hizo: intentó transmitir muchas de esas historias, y que realmente (no es por fardar) eran ideas buenas. Pero el chico empezó a obsesionarse. Se obsesionó con contar las mejores historias que pudieran existir, y lo mejor que pudieran ser contadas. Evidentemente, no lo consiguió, y el muchacho acabó encerrando su imaginación en una jaula, fuera de su cabeza, incapaz de confiar en ella para crear algo realmente bueno. Simplemente, cerró la jaula con una llave de bronce oxidada, y se alejó a paso lento, triste. Pasó el tiempo, y el chico cada vez se sentía más... normal. Se sentía como una persona más. Lo odiaba. Si era una persona normal, viviría una vida normal, y no quería vivir ese tipo de vida. Quería dar saltos de alegría, quería alcanzar los picos más altos del planeta, quería salir a la estratosfera. Quería reírse, y llorar, y cometer errores, y aprender de ellos. No quería comerse el mundo; quería devorarlo vivo. Si era una persona normal, la vida sería muy aburrida. Él quería vivir una vida que ni una sola persona hubiera vivido antes. Quería volar con sus propias alas.
Pero, para volar con sus propias alas, necesitaba algo de lo que se había deshecho: su imaginación. Tras alcanzar esa conclusión, se levantó de un salto de la cama, aún con el pijama puesto, y bajó corriendo las escaleras. Una vez abajo, echó a correr hacia la puerta. Pasó a toda velocidad junto a sus dos estanterías llenas de libros, con mil revistas sobre cine y su cámara, en cuyo objetivo se reflejó su veloz sombra, en un visto y no visto. Llegó a la puerta y la abrió de un empujón. Echó a correr una vez más, mientras un gran chaparrón caía del cielo sobre él. El agua empapó su pijama, y caló hasta sus huesos. Estaba congelado, pero no pensaba parar. El problema era que su imaginación estaba encerrada muy lejos, y no llegaría a tiempo. La necesitaba ya, o caería por completo en el foso de la gente normal y corriente. De repente, sintió una pulsación dentro de su alma. Un pequeño rastro de su imaginación quedaba en esa calle, en la que se había criado y había crecido. Escuchó al pequeño resquicio, y este comprendió las ganas que tenía de recuperar el resto. Así que dejó que le escuchara. Tras un momento donde solo se oyeron las gotas de lluvia golpeando fuerte sobre la madera y las hojas de las plantas, el chico abrió los ojos de golpe, y un furor rojo de fuego brilló en ellos. Giró la mirada hacia arriba, y vio cómo las nubes se abrían, se separaban entre ellas de forma extraña y dejaban un claro enmedio, de donde salió un inmenso dragón rojo oscuro, echando fuego por sus fauces. Bajó volando y se posó como una mariposa frente a nuestro querido amigo. El dragón lo miraba, como retándole, como diciendo "adelante, recupera el 99% de lo que tú eres". El chico lo miró con temor, inseguro, pero acabó subiendo a su lomo de todas formas. La criatura volvió a ascender entre las nubes. Se dirigían hacia la jaula.
Durante su travesía, el muchacho encontró más resquicios de esa imaginación, de su tesoro enterrado, aunque nada comparado con lo que había encerrado. Además, observó a unas extrañas criaturas escalar por las únicas montañas que sobrepasaban la altura de las nubes. Eran personas rodeadas de un aura azulado, con ropa rota por todas partes, y con brazaletes de reluciente oro. Cogían rayos de un punto de su espalda que no se lograba ver y los tiraban al cielo. Al llegar a una altura superior a la del vuelo del dragón, los rayos explotaban en fuegos artificiales, creando miles de luces preciosas. El chico no dejó de reír hasta aterrizar. Estaba empezando a recordar lo que era vivir ese tipo de cosas. ¿En qué momento se le ocurrió encerrar su imaginación? Pero lo dicho: aterrizaron. El dragón simplemente restregó su enorme cabeza por su espalda, como si fuera un gato, y se alejó volando, y en un punto muy lejano se convirtió en mil pequeñas esferas amarillas y se desvaneció. El muchacho comenzó su paso por la isla en la que había acabado. Poco tiempo después, alcanzó el oscuro bosque de los siete señores de la naturaleza, gracias a esas diminutas porciones de imaginación que había esparcidas. Se encontró con la corte de los siete monarcas, y estos le dieron su consentimiento para pasar. Tras un largo viaje, donde presenció cientos y cientos de cosas del estilo, llegó a una casa de seis metros de ancho y otros seis de largo. El problema era que tenía 300 pisos. Sin embargo, junto a esta estaba la típica máquina recreativa de coger un martillo y pegar con todas tus fuerzas. Ponía que se llamaba "motivómetro", y debajo "golpea con la cantidad de motivación que tengas". El chico cogió el martillo y se encogió de hombros. Se dio la vuelta y golpeó con todas sus fuerzas las paredes del primer piso de la casa. No pasó nada. Respiró hondo y decidió intentar hacerlo como la máquina decía. Concentró toda su motivación, todo su odio a lo normal, todas sus ganas de crear y contar historias, y golpeó. Fue casi como si no se moviera. Una energía amarilla salía de sus brazos y sujetaba el martillo. El primer piso cayó abajo y el segundo aterrizó sin sufrir daños. Corrió la misma suerte, y así con el tercero, con el cuarto, con el decimosexto, con el novegesimocuarto... y llegó el último. La habitación número 299 acabó destrozada, y fue la 300 la que cayó. Dentro de esta, solo había una celda que ocupaba la mitad del espacio. Detrás, una luz dorada brillaba. Hemos llegado al punto de inflexión. El chiquillo sacó la llave de bronce de su bolsillo, y se acercó. Respiró hondo, esperando estar en lo cierto. La imaginación se revolvió de alegría dentro de su prisión. Nuestro protagonista la miró con el furor rojo de sus ojos, y le prometió amor y devoción hasta el fin de sus días. Encajó la llave dentro de la cerradura, y liberó a su prisionera.
Y aquí estoy, con mi imaginación de vuelta. Ya hace un tiempo desde que pasó aquello, pero desde que la recuperé me está pasando algo muy extraño. Y es que mi vida se ha simplificado en unos cuantos conceptos. Si queréis conocerme de verdad, debéis de mezclar todos estos conceptos, aunque no os terminen de encajar. Lo más importante en mi vida, sin duda alguna, es el rock (escucharlo, no tocar o cantar) y contemplar la naturaleza, sentirme parte de ella. Amo todos sus colores, texturas, olores, brillos, sombras... Me llena por dentro y, aunque parezca raro, mis mejores momentos son los días en los que el cielo está completamente gris, inseguro de si llover o no. Después están las demás ideas que me encantan: los cuentos de hadas oscuros (cuanto más macabros mejor), el arte en general (sobre todo la escultura y la pintura, porque yo tengo una visión distinta a los demás: cuando veo el David de Miguel Ángel, por ejemplo, me imagino la canción Unnatural Selection, de Muse), siguiendo con la música: las impresionantes melodías de Queen; la arqueología (me encantan las civilizaciones antiguas y perdidas. Me encanta contar historias de gente encontrando ciudades o civilizaciones perdidas), el misterio, incluso el terror. Por último, decir que también amo leer cualquier tipo de literatura (tengo dos estanterías completas).
Además, mi principal ley de vida es adentrarse en lo desconocido, porque siempre le tenemos miedo a las cosas que no conocemos, y si nos enfrentamos a ellas cara a cara empezaremos a temerlas menos. Así que así queda el asunto: cómo mezclas rock con escultura y pintura con arqueología con cuentos de hadas oscuros. Pues a mi ser lo forma el conjunto de todo eso. Y a la hora de hacer proyectos cinematográficos, como me gusta tanto el arte, me encantaría llevar los conceptos griegos del arte a un plano. Esos conceptos son simetría, proporción, racionalismo, idealismo, equilibrio, etc. Ese tipo de cosas que son visuales y darían a mi cinematografía un estilo único, cosa que veo muy importante, pues, como ya he dicho, no quiero ser una persona normal, porque viviría una vida normal, y eso no tiene ningún tipo de gracia.
2.
3.Como ya os he dicho, amo la naturaleza. El audio es solo qué se escucha en una parte de la periferia de mi pueblo.
Link de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=G8K8sZxUp7Q&feature=youtu.be
4.-El primer “proyecto” (por así llamarlo) fue un cómic que hice de pequeño (ni siquiera recuerdo la edad). Consiste en una mini-historia que empieza y acaba en dos caras de folio como mucho, y va de un humor muy absurdo. No voy a negarlo: es una copia total de Mortadelo y Filemón. De pequeño me gustaban sus cómics y decidí hacer algo parecido. No os voy a poner imágenes ni nada, pero os voy a contar el argumento de una de las historietas: eran dos trabajadores, y su jefe despidió a uno, dejándolo muy triste. El otro se puso muy pesado preguntándole qué le pasaba y al final el despedido confesó que lo habían echado. Todo acaba con el compañero diciendo que eso ya lo sabía, que creía que era otra cosa. No os habéis reído, ¿verdad? Normal, si es que no tiene gracia. Debéis comprender que tendría entre seis y diez años.
-El segundo proyecto lo haría con trece o catorce años, y consistió en hacer un corto con el instituto para un concurso contra el machismo en el mundo laboral. Ganamos el premio a mejor cortometraje y a mejor producción. Lo más importante del corto es que, mientras los demás hacían cosas más serias, con situaciones más trágicas, incluso oscuras, nosotros optamos por algo colorido, divertido, con toques de humor en cada escena, y por eso nuestro corto resaltó tanto sobre los demás. Además, no es por fardar, pero tuvimos una idea muy buena, en la que cada miembro de la familia protagonista hacía actividades o trabajos que tradicionalmente se han atribuido al otro sexo, y decidimos llamarlo “supernormal”, pues es como debería de parecernos la situación. Podéis verlo con este link:https://www.youtube.com/watch?v=HrMNyRB5NzM
-El tercer proyecto fue el gran fallido. Para poneros en situación, diré que a mí me apasionó tanto dirigir el corto anterior que decidí lanzarme a la aventura: me compré una cámara y un equipo muy pequeño (y de no muy buena calidad), y escribí un guión. La película se llamaba “Versos de la Muerte”, y trataba de un grupo de chicos que investigaban la aparición de un unicornio y el asesinato de un chico en su pueblo. Luego empezaban a aparecer cosas más raras, como una sirena, un encapuchado que avisa de que algo malo va a pasar... Y al final se explica que todo era un dios que altera la realidad y el grupo se enfrenta a él. Incluso tenía pensada una segunda parte para cerrar las subtramas que se habían abierto. Nos pusimos a grabar, y tras unos meses en los que no avanzamos ni minutos estando grabando durante muchas tardes enteras, aparte de que el micrófono estaba roto y daba muchos errores (y no había dinero para otro), aparte de que la gente con la que lo hice estaba más por las risas que por hacerlo, al final acabé rindiéndome. Y no me arrepiento. Sé que eso de rendirse en las cosas está muy mal visto por la sociedad, pero si no me hubiera rendido no habría asentado la cabeza ni habría pensado en qué fallaba ahí. Me dí cuenta de que necesitaba un equipo serio, un guión bueno de verdad y menos ambiciones. Meses después, reescribí mucha parte del guión (y he de decir que esta última versión me quedó muy chula), pero solo lo hice para ver el potencial que tenía toda la historia que había imaginado. Todo este fracaso me sirvió como toma de contacto, y, sobre todo, para aprender de los errores. Fue en este momento cuando aprendí qué significaba eso de aprender de los errores. Por cierto, tendría entre catorce y quince años.
-El cuarto fue algo que no me tomé muy enserio. Solo fueron unas historietas de diez páginas como máximo sobre un grupo de personajes que se iban uniendo. Me basé en lo del Universo Cinematográfico de Marvel. Primero desarrollaba unas historias de cada personaje por separado, y al final los unía en otra historieta aparte. Esto fue con 12, 13 y 14 años, y con 15 hice otra sobre piratas (por mi obsesión con Piratas del Caribe), que no tenía nada que ver con las anteriores y que se extendía por 20 páginas.
-Y el último proyecto grande es el que aún tengo entre manos. Es un libro sobre arqueología y aventuras, donde un chico descubre una civilización desconocida con la piel azul en una gran gruta bajo tierra. El libro se centra en todo ese nuevo mundo descubierto, en las relaciones del chico con la gente que conoce y en su búsqueda de un lugar legendario, encargada por esa civilización que ha descubierto. Ya sé que dicho así no parece gran cosa, pero yo creo que lo que estoy escribiendo está bastante bien. El problema es que aún me queda escribir el final y cambiar algunas cosas del principio. Lo tendré acabado para cuando llegue el verano, y a ver si alguna editorial lo acepta.
5.He de decir que no sé muy bien qué poner aquí, porque no termino de comprender lo que pedís en esta parte, pero voy a poner lo que creo que es.
-Me gusta escribir (no sé si se nota).
-He entrenado balonmano durante cuatro años y medio.
-Me gusta mucho la fotografía (aunque soy consciente de que la mayoría de mis fotos no son muy buenas).
-Me encantaría pintar cuadros, aunque por ahora no lo hago. Aún así, tengo pensado empezar a finales de este año. El motivo es que me encanta el arte (y dentro de este, la pintura, entre muchas otras cosas) y me gustaría hacer creaciones pictóricas por mi propia mano.
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